El amanciero Francisco Fortúnez García, vecino de la calle XX Aniversario No. 4, en el Reparto Alipio Carrillo, ofrece a los curiosos un festín sugestivo y tentador.
Se trata de dos ejemplares de súperguayabas rojas, que rebasan las dos libras de peso. Pero lo interesante de este caso es que los frutos de marras no se lograron con métodos de injertos o esquejes, sino de forma natural.
Cuenta Fortúnez que en su patio nació una planta a partir de un veterano arbusto, con la singularidad de que pare guayabos de tamaño promedio, pero sólo en un gajo o tallo nacen con dimensiones fuera de lo común.
En una ocasión, precisa, “obtuve un ejemplar de casi 3 libras, y por lo general los frutos alcanzan poco más de 2 libras. El sabor es exquisito y la pulpa muy carnosa. Otro detalle asombroso son las semillas, que son más grandes de lo habitual”.
“Nunca he utilizado fertilizantes ni abonos; como decimos nosotros los cubanos, la mata nació “sola”, y al parecer su robustez se debe a la humedad del suelo, pues en la zona donde vivo el manto freático es muy abundante”, afirmó.
Se conoce que la guayaba es originaria de la América tropical, muy rica en vitaminas A y C, posee un 50 % de calorías y un alto coeficiente de digestibilidad. Lo mismo puede consumirse como fruta fresca, y en la industria se utiliza para producir jaleas, pastas, cascos, mermeladas, jugos, compotas y néctares.
Pertenece a la familia de las Mirtáceas, la cual incluye a más de 3000 especies de árboles y arbustos diseminados en los cinco continentes. Estudios científicos han comprobado también sus propiedades medicinales.
Todas las guayabas las producen árboles del género Psidium, con una altura aproximada de 8 metros. En otros países también se la conoce como guayabo, guara, arrayana y luma.
Sin dudas, que las súperguayabas de Fortúnez causan admiración y sorpresa. Lo que sí no puede resistirse es la tentación de disfrutar de su exquisito sabor y aroma, con permiso de la genética o de las leyes de la naturaleza.