Recuerdo que en el año 2010 a un diario mexicano, no importa cuál y da lo mismo que sea de otro país, se le ocurrió lanzar al ruedo una absurda y vieja noticia, publicada por la revista norteamericana Forbes, nada más y nada menos que en el 2006.
En aquella ocasión se repitió el mismo ardid. Los nazis lo dijeron en su momento: “una mentira dicha muchas veces, se convierte en verdad”.
La publicación de marras, especializada en divulgar las fortunas de los millonarios del mundo, se atrevió a incluir a nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, en un listado de las diez personas más acaudaladas del planeta.
"Estamos esperando las respuestas de los mentirosos, de los calumniadores (….) No han dicho una palabra. Se han metido en un callejón sin salida, en una autotrampa, en un autogolpe", sostuvo Fidel ante la radio y la televisión cubanas. Y hasta la fecha nadie ha sacado la cara para desmentir semejante falacia.
El alto compromiso ético de nuestro invencible líder se puso a prueba, cuando él mismo se ofreció a renunciar a la conducción del país, si Forbes o Washington le comprobaban una cuenta en el exterior de tan sólo "un dólar".
Inmediatamente se generó una repulsa internacional que conllevó a desinflar la falsedad de Forbes. Y para satisfacción y orgullo de los cubanos, se agigantó la estatura ética fidelista y la filosofía de todo un pueblo, esas que constituyen la verdadera fortuna de la Isla.
Entre tantas muestras de confianza, recuerdo las palabras del ministro cubano de Cultura, Abel Prieto, quien afirmó que lo que se revelaba en esas calumnias es la existencia de dos sistemas de valores radicalmente opuestos, el de Forbes y la élite con su filosofía de exclusión de las mayorías y el defendido por Fidel en su lucha por la igualdad y la solidaridad.
La cifra astronómica de 900 millones de dólares endilgada a los bolsillos de Fidel, se quedó chiquita ante el enorme prestigio del líder cubano.
Aún hoy, desafiando las adversidades de una época convulsa y tambaleante, no se cansa de iluminar los sueños de la Humanidad, eso sí, con el valor que le otorga el haber vivido con mucha dignidad, esa que lo erige como la estrella moral más rica de la Tierra.