Equipo de prensa que dio cobertura a la entrada de la carava a Las Tunas.
Equipo de prensa que dio cobertura a la entrada de la caravana a Las Tunas.

Intactos en la memoria cada uno de los detalles de aquella jornada donde la patria se volvió pueblo y las cenizas mortales de un hombre movilizaron corazones, enaltecieron sentimientos que desbocaron pasiones cargadas de respeto y agradecimientos.

Viene a la mente la notificación de mi designación para narrar la entrada del eterno rebelde al oriente cubano. A partir de ahí se desencadenan jornadas de auto preparación, búsqueda de información, en fin, llenar el morral de frases, pensamientos y datos históricos.

En las primeras horas del histórico 2 de diciembre se inició la marcha de una caravana de ómnibus, que desde el sur de la provincia de Las Tunas, llevaba una valiosa carga de agradecidos al encuentro con su invicto Comandante.

La fría madrugada dio paso a una cálida mañana. Las expectativas se agolpan. El desconocimiento del lugar escogido para la inolvidable cobertura, me obliga a una caminata de aproximadamente un kilómetro.

La espera desespera. Repaso, junto a las colegas Bárbara Borrás Aguilar y Ana Vivian Cabrera Corona, toda la información acopiada con premeditación. La curiosidad se extrema, alcanza niveles insospechados. Los nervios comienzan un interminable festín.

Los primeros contactos con la programación de Radio Victoria llevan el sentir de jóvenes, mujeres y trabajadores con la expresa voluntad de seguir siendo fieles al legado del Caguairan convertido en referente y paradigma.

Se incrementa el tránsito de la motorizada y vehículos oficiales. Organizadores distribuyen afiches y banderas tricolores. Se augura la proximidad de la caravana, la tensión es evidente.

Ni las piedras se libraron del homenaje. Yo soy Fidel, Te queremos Fidel, Hasta siempre comandante, Fidel entre nosotros, son algunas de las frases surgidas del ingenio popular que se incrustan en cuanto objeto o espacio, ubicado a la vera de la carretera central, lo permite.

El tráfico de vehículos se incrementa. Las sirenas de carros patrulleros y motoristas del tránsito indican el momento cumbre de nuestra presencia en la comunidad de El Yunque. Pasa la prensa nacional e internacional…

Mis piernas, cansadas por la innecesaria caminata, comienzan a temblar sobre la frágil cubierta de la parada de ómnibus que nos sirve de improvisado estudio de transmisión. Los colegas de la televisión apuestan por una privilegiada ubicación para dejar plasmadas cada una de las imágenes del histórico momento.

Al fin se compacta la hilera de medios de transporte. Ya diviso el verde olivo del armón militar que carga, cubierta por la enseña nacional, la urna con su preciado contenido. Se agitan las banderas. Celulares y cámaras tratan de llevar para el recuerdo eterno cada detalle del impresionante suceso.

En fracciones de segundo pasa ante mi tanta gloria. Mi voz se quiebra. La información, las frases y datos históricos, quedan en el olvido. Comienzo una narración muy diferente a la preconcebida.

“Fidel está en Las Tunas…” digo, y brota la descripción venida desde el agradecimiento acumulado. Cada palabra lleva vestidura de sentimiento.  En mis piernas es notable el temblor. Se pierden de mi vista los últimos carros de la comitiva que interna las sagradas cenizas en el indómito Oriente.

Fijo la mirada al este como queriendo descubrir los nuevos pasajes del regreso invicto. Se impone el regreso. Cada cual se acomoda como puede. Mis piernas vuelven a la normalidad.  Mi maltrecho corazón regresa a sus torpes latidos. La tensión disminuye.

Trato de recordar detalles de mi alocución, imposible. Los más 50 kilómetros que me separan de mi Amancio querido, me parecen 100. Repaso instantes de lo ocurrido, acomodo los pocos que llegan, los rescato y armo este relato, que al cabo de dos años de cabalgar con la historia, convierto en homenaje.

Equipo de prensa que dio cobertura a la entrada de la carava a Las Tunas.
Equipo de prensa que dio cobertura a la entrada de la caravana a Las Tunas.

 

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