"Sé que este VII congreso del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura va a retomar temas trascendentales no solo para los trabajadores del sector, pues estamos frente al enorme reto de preservar la cultura como escudo y espada de la nación", con esas palabras el trovador Gaspar Esquivel Suárez (Amancio, Las Tunas, 1955) anuncia sus expectativas del cónclave, que sesionará en La Habana los días 19 y 20 de octubre venidero.
Esa y otras reflexiones, en torno a la significación de este encuentro, tienen el aval de una vida vinculada al quehacer musical desde la cuna, "nací en Las Matildes, un apacible pueblito rural, entre guitarras, tres, maracas, güiros, claves... en un ambiente campesino sazonado con guateques que marcaron mi vocación."
De aquellos tiempos recuerda la escuelita primaria; y, "Los viernes patrióticos, una práctica que me abrió el camino de la actuación. Reinaba entonces un clima favorable al desarrollo de manifestaciones artísticas que exaltaban expresiones autóctonas, cultivadas con el talento aficionado del entorno natural. No eran obras de fina factura académica, pero sí de un alto contenido humano revelador y sedimentador por trasmisión oral de nuestras raíces", sostiene.
"Y eso ayuda a preservar tradiciones, desarrollar, cultivar talentos locales, pues se hacen cosas que están más próximas a la gente, a su idiosincrasia y el público se ve reflejado en el producto cultural."
Fue delegado a los congresos IV del Partido (La Habana, 1991) y V y VI del Sindicato de Cultura (La Habana, 199 y 2004, respectivamente) y esas vivencias le hacen pensar que llegó el instante en que es preciso transitar del debate filosófico a la acción transformadora:
"Conocemos nuestros problemas, los enunciamos, los debatimos, filosofamos y tenemos talento para resolverlos, pero no hacemos todo lo que debemos y podemos para cambiar las cosas. Trazamos estrategias, pero las urgencias, casi siempre, nos arrebatan, nos alejan de las cuestiones estratégicas y este es un error que tiene su precio y se paga en el futuro que construimos –o queremos construir- para las generaciones futuras", fustiga.
"Se discute mucho en planos académicos, fórumes, sobre esas necesidades frente a una modernidad que enarbola teorías neoliberales que tratan de despojar a los pueblos de su identidad con productos de consumo cultural banales que sirven a propósitos de enajenación social, porque los ideólogos del capitalismo saben que no bastan el poder militar y económico para sojuzgar a las naciones. Esa es la situación problémica de hoy y nos toca buscar el antídoto e inocularlo."
Integrante de la delegación de Las Tunas y propuesto a miembro del Comité Nacional de esta organización sindical confía en que el Congreso será un escenario ideal para valorar estas cuestiones y replantearse las maneras en que se ha venido trabajando hasta ahora.
"Es cierto que hay buenos ejemplos en esa intención de sembrar el interés por el arte en zonas con desventajas económicas y sociales, centros penitenciarios o en otras dañadas por eventos climatológicos como son las muestras reiteradas del quehacer del trovador Silvio Rodríguez y del artista de la plástica Kcho.
"En todo el país, la Brigada José Martí y otros artistas y creadores lideran proyectos comunitarios con similares objetivos que proporcionan bienestar espiritual y van trazando pautas, indicando el camino que debemos recorrer para multiplicar estas propuestas a favor de nuestra gente y de nuestra cultura, mas son todavía insuficientes."
Hace el comentario y vuelve a sus orígenes, al amor a la patria chica que le aportó el gracejo popular ahora incorporado a las guarachas que cultiva y defiende porque "me ayuda a comunicarme desde y con las formas más comunes de expresión de la gente y es, además, un género poco difundido, pero de mucho arraigo popular."
De ese afán, en su Amancio natal nació la peña Guarachando con Esquivel, de la cual reconoce que "fue el embrión de un proyecto sociocultural más ambicioso Guarachando, Compay Gallo, una alegoría Ñico Saquito y Compay Segundo, dos figuras célebres por su apego a esta manifestación.
"Con la peña, explica, fuimos despertando el gusto por la guaracha y acercando a un público diverso, que se estaba divorciando de algo que era tradicional aquí; y, no nos costó mucho trabajo porque está de forma natural integrada a nuestra idiosincrasia."
Así cristalizó el Encuentro Nacional de Guarachas, cuya primera edición se celebró en abril del año 2008: "Es un evento anual que todavía requiere más promoción, es cierto que genera un ambiente festivo que los vecinos de Amancio disfrutan mucho, ese poder de convocatoria permite materializar su esencia que traspasa esas fronteras para incursionar en conferencias, conversatorios, charlas, talleres en la zona costera de Guayabal, campamentos del Ejército Juvenil de Trabajo, centros de trabajo y estudio..., en fin genera un clima de identificación con las raíces."
Miembro de la Filial de Música de la UNEAC, de su inspiración y guitarra la guaracha ha tocado corazones de alemanes, argentinos, brasileños, búlgaros, españoles y portugueses.
Él mismo es ejemplo de cómo encarar este compromiso defendiendo cubanía en centros de trabajo, comunidades rurales, unidades militares, campos cañeros y en otros insospechados parajes de la geografía tunera y cubana.
Músico profesional desde 1980, su vocación de hacer coincidir proyectos y acciones, le han hecho merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional (2003), la Réplica del Machete del Mayor General Máximo Gómez Báez (2003), Medalla Hazaña Laboral (2004), y la condición de Vanguardia Nacional del SNTC que obtuvo consecutivamente del 1999 al 2009.
Ganador de los sellos Artista Distinguido y Artista Laureado, ambos otorgados por el sindicato en el 2004, Gaspar, estuvo en las filas de la Columna Juvenil del Centenario e inauguró su trayectoria laboral en un distrito cañero y todo sin dejar a un lado la guitarra y nutriéndose de dicharachos y otras expresiones genuinas de los hombres de campo que enriquecen sus creaciones.
Llegó al sector de la Cultura en 1978 y se hizo músico profesional en 1980 enarbolando proyectos que le han hecho acreedor de premios de Cultura Comunitaria a nivel de municipio y provincia, pese al alcance nacional de sus propuestas.
Es integrante del Comité Provincial del sindicato, en Las Tunas, y ha sido miembro de los comités municipal y provincial de la CTC: "Soy dirigente sindical desde mi debut en el distrito cañero", se regocija y con sus experiencias respalda su definición:
"No se puede concebir un dirigente sindical que no esté dotado de una sensibilidad extrema, que no mande a buscar o cite a los afiliados, si no que vaya allí al puesto de trabajo, al lugar de ensayo, en fin que los visite y departa con ellos en su entorno, aunque no les lleve nada material.
"Los trabajadores han demostrado cuánto agradecen ese contacto. Si no es así, entonces ven al dirigente sindical solo como el encargado de recoger las finanzas; y, el sindicato tiene que ser, además de eso, voz de sus asociados y muchas veces se descuida la misión de representante. La atención genera y cultiva sentido de pertenencia."
"Ahora, espero que saliendo del Congreso sembremos las simientes de los debates para que germinen con más fuerzas las ramas de ese gran tronco que es nuestra cultura nacional."