El piropo, se adueñó de las calles cubana Sin pedir permiso en el ajetreo diario, irrumpe unas veces como guiño, otras como tímido susurro, y en ocasiones como gesto desbordado que asusta.

Nolguin Peña Rojas, especialista de literatura de la casa de la cultura “Sergio Reinó Reina” en esta localidad explicó que el piropo en una de nuestras tradiciones orales con más fuerza entre los habitantes de la isla. La cual se da como ritual silvestre, casi siempre protagonizado por los representantes masculinos, herederos de una ascendencia ibérica en la cual danzan al unísono la galantería, el arrojo varonil y una imaginación que termina desarmando a las féminas.

Existen piropos dignos de aparecer en el libro infinito de las buenas ocurrencias. Aunque en honor a la verdad es justo reconocer que a no pocos caballeros andantes se les va la mano, por no decir la lengua, y caen por falta de imaginación en una chapucería que asusta y que hace sentir a las muchachas como ninfas perseguidas por un fauno.

El cubano, que gesticula como si estuviera todo el tiempo sobre las tablas de un escenario, provoca la risa y hasta el desconcierto de los suyos cuando se lanza a piropear: algunos chiflan; otros se llevan las manos a la cabeza como quien ha visto una aparición o la caída de un meteorito. Y los hay que pueden caminar decenas de metros, en una carrera impertinente y desesperada, tras la presa deslumbrante.

Sigue siendo todo un suceso ese rejuego que no pasará de moda y que hará sentir al cubano como un señor de bombín y bastón, así ande en atuendos ligeros por los sofocos del trópico y los apuros de la modernidad.

El piropo, combinación que abre las cajas fuertes más insospechadas del espíritu, seguirá dando luces a la suerte de este mundo nuestro donde las ilusiones, los sentimientos y lo sensitivo se mezclan hasta dar un tono de vivacidad único, inconfundible, estallante y hasta salvador.

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