Recuperación del control de temperatura del autoclave central del hospital Luis Aldana Palomino en Amancio. Foto: Niria Isabel Cardoso Estrada.
Recuperación del control de temperatura del autoclave central del hospital Luis Aldana Palomino en Amancio. Foto: Niria Isabel Cardoso Estrada.

En 1962, Fidel expresó que Cuba tenía que ser un país de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento. Haciendo honor a la prédica de nuestro máximo líder, los cubanos apostamos por la creación y la innovación tecnológica para lograr el desarrollo de la sociedad, ya sea desde la esfera productiva o de los servicios.

En estos años hemos subsistido al cruel bloqueo que se nos impone, gracias al ingenio de miles de hombres y mujeres que buscan alternativas desde sus puestos de labor para devolver a la vida útil equipos, que ya tenían fecha de caducidad.

Son incontables los trabajos que se realizan desde el movimiento del Fórum d Ciencia y Técnica,  la ANIR, las Brigadas Técnicas Juveniles o las Mujeres Creadoras, que ahorran al país cifras millonarias, donde muchas veces se mide más el impacto social del servicio que se presta y agradece, como es el caso de salud.

Foto: Niria Isabel Cardoso Estrada.

Este sector cuenta con una fuerza importante, con un trabajo sostenido que busca soluciones a un equipamiento para el que en muchas ocasiones no existen piezas de repuesto disponibles porque son muy costosos en el mercado internacional, no tenemos acceso a ellos, o porque ya no se fabrican.

Ejemplos hay varios, la recuperación del control de temperatura de la autoclave central, encargada de la esterilización del material que se emplea en el policlínico con servicios de hospitalización “Luis Aldana Palomino” y los consultorios del médico y la enfermera de la familia.

La entalcadora de guantes que humaniza el trabajo de las auxiliares, que antes realizaban esa labor de forma manual, así como la biceladora de la óptica local, que permite realizar trabajos pequeños, de detalles, para las personas que requieren el uso de espejuelos.

Este último contó con la solidaridad de un trabajador de la industria azucarera, quien aprovechó sus conocimientos de electricidad e incorporó la máquina al servicio, incluso con mayor calidad.

Las gracias a personas como Alcibíades Pérez, así como a mecánicos, soldadores y torneros, de otros sectores de nuestra sociedad, que se unen a los electromédicos y con buena voluntad y deseos de hacer rompen el cerco del bloqueo, globalizando la solidaridad y el humanismo para que la salud crezca.

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